sábado, 25 de octubre de 2008

Notas Organizativas Aclaratorias

Los militantes que conformamos Democracia Comunista en España hemos elaborado este texto para aclarar ciertas preguntas, dudas y confusiones que han surgido en nuestros contactos con otros compañeros. Complementando nuestros textos más “programáticos” (“Qué es DC-L” y “Por el Comunismo Democrático”) y teniendo en cuenta que nos hemos integrado junto a otros camaradas en la RED LUXEMBURGUISTA INTERNACIONAL, consideramos relevante exponer algunas cuestiones.

Somos una organización marxista, cuyo fin es la revolución social que pueda permitir a la Humanidad construir el comunismo. Defendemos la democracia directa y radical, que consideramos indisolublemente unida al comunismo. Para ser coherentes con esto, funcionamos horizontalmente, sin ningún tipo de privilegios, líderes ni profesionalismo. Tampoco aceptamos vanguardismos que tratan de sustituir a las masas proletarias, único sujeto posible de la revolución comunista. De esas masas nos consideramos parte. Y consideramos que las huelgas de masas son los instrumentos más valiosos para la lucha de clases contra el capitalismo.

Queremos desarrollar nuestra propia conciencia de clase y la de nuestros hermanos proletarios. Para ello nos basamos en primer lugar en los postulados marxistas, desarrollados por las ideas de Rosa Luxemburgo y los luxemburguistas. Pero cada miembro puede tener (y tenemos de hecho) otras influencias. Excluimos el social-reformismo y el bolchevismo, por considerarlos incompatibles con nuestros postulados. Eso no impide que en lo concreto, en nuestros trabajos y lugares de residencia (que para nosotros son el primer y básico lugar de militancia), o en los movimientos sociales (en los que participamos todo lo activamente que nos es posible, abiertamente y sin entrismos), colaboremos con militantes u organizaciones que defienden esos postulados. Creemos firmemente en la solidaridad y la colaboración entre todos los proletarios.

Somos internacionalistas y antinacionalistas. No apoyamos a ningún movimiento nacionalista, porque consideramos que la emancipación de los oprimidos viene por la emancipación de las clases oprimidas y que el Socialismo solo es concebible y realizable a escala planetaria, lo que nada tiene que ver con la eventual emergencia de nuevos estados que, en el mejor de los casos, apunten a formas de capitalismo de estado. Rechazamos con carácter general el llamado "derecho de autodeterminación nacional", negamos que tenga un carácter universal, aplicable en toda circunstancia, cuando la experiencia histórica enseña que sólo termina favoreciendo a otras élites que mantienen sometido al proletariado a la explotación, y terminan negando a eventuales minorías a su interior el principio y el derecho que para sí reclaman. Estamos persuadidos de que la práctica y la exigencia de tal derecho debe estar reservado en exclusiva para aquellos territorios objeto de opresión y explotación colonial manifiesta e indiscutible.

Intentamos tomar nuestras decisiones por consenso, aunando posturas. Cuando no lo conseguimos, la “minoría” no tiene que sentirse vinculada. No creemos en la disciplina, aunque sí sabemos que a todos nos tocará ceder en algún momento. Si se quiere llamar a eso “autodisciplina”, no nos importa. Lo relevante para nosotros es que estamos convencidos de que queremos y nos interesa agruparnos en este proyecto.

Todos tenemos absoluta libertad de expresión y experimentación, y todos asumimos también la libertad de crítica de nuestros camaradas. Como garantía frente al dogmatismo y el totalitarismo, y para fomentar el debate, todos tenemos la posibilidad de publicar nuestras opiniones con independencia en nuestros medios.

Para nosotros la teoría es muy importante. Pero tenemos claro también que no debemos ni queremos perder en ningún momento de vista la realidad social y el cómo poder influir en dicha realidad, puesto que somos un grupo de activistas. Alguna vez incluso hemos caracterizado al luxemburguismo como una especie de “equilibrio inestable”, una guía para la lucha en el presente real hacia un futuro radicalmente distinto. También en ese sentido tenemos claro que esta organización está abierta a toda persona con conciencia proletaria, independientemente de sus conocimientos teóricos.

Contra la Privatización de la Sanidad


Los camaradas de DC en Madrid han acordado adherirse al MANIFIESTO DE CONSTITUCIÓN DE LA PLATAFORMA POR LA DEROGACIÓN DE LA LEY 15/97 Y LA DEFENSA DE LA SANIDAD MADRILEÑA.

Consideramos que precisamente ahora, en un momento de crisis absoluta del capitalismo, es más necesario que nunca resistir frente a todas las privatizaciones, frente a la mercantilización de los servicios públicos más necesarios para los trabajadores y la poblñación en general.

Publicamos a continuación el Manifiesto.

MANIFIESTO DE CONSTITUCIÓN DE LA PLATAFORMA POR LA DEROGACIÓN DE LA LEY 15/97 Y LA DEFENSA DE LA SANIDAD MADRILEÑA

Plataforma por la Derogación de la Ley 15/97 y la Defensa de la Sanidad Pública

Las organizaciones firmantes, enormemente preocupadas por el gravísimo deterioro que está sufriendo la sanidad pública madrileña, puesto de manifiesto en las carencias de los 8 nuevos hospitales privados –reflejadas en multitud de quejas y reclamaciones de pacientes y familiares-, y vistos los planes del PP de ahondar en el proceso hasta privatizar prácticamente toda la red sanitaria (4 nuevos hospitales 100 % privados, remodelación y paso a gestión privada de los grandes hospitales actuales, privatización de los Centros de Salud, de los Laboratorios, .....), privatización que afecta gravemente a la calidad asistencial que recibe la población sin medios para pagar asistencia privada, queremos hacer llegar a la ciudadanía madrileña lo siguiente:

El proceso de deterioro y privatización de los servicios públicos (sanidad, enseñanza,...) es una de las consecuencias de la deriva neoliberal imperante en la Unión Europea.

En el caso de la sanidad pública española, dicho proceso fue iniciado en la década de los 90 (informe Abril), con el propio PSOE en el gobierno del estado, y se aceleró con la llegada al gobierno central del PP, al tiempo que se plasmaba en diferentes modelos según autonomías y partidos en el poder (sociedades anónimas en Andalucía con el PSOE; fundaciones en Galicia con el PP; consorcios en Catalunya con CiU; concesiones en el País Valenciá con el PP…).

Con la aprobación en 1997 de la Ley 15/97 de Nuevas Formas de Gestión (con el voto a favor PSOE), y que fue presentada como el paradigma de la necesaria modernización que acabaría con los problemas estructurales del Sistema Nacional de Salud, se “legitimaron” todos los experimentos privatizadores existentes hasta aquella fecha, al tiempo que se abría el SNS a cualquier tipo de gestión privada “admitida en derecho”.

Dentro de este proceso privatizador, en Madrid, el PP mediante el Plan de Infraestructuras Sanitarias 2004-2007, puso en manos de empresas privadas la explotación de 8 hospitales durante 30 años, introduciendo el “ánimo de lucro” en las prestaciones sanitarias que

por ley ofrece el SNS. Su apertura ha destapado una cruda realidad: hospitales que no son capaces de asumir la atención de la población con unas mínimas garantías de calidad, y cuyos objetivos prioritarios son el reparto de beneficios entre sus accionistas.

Ante la pasividad manifiesta del PSOE y de los sindicatos institucionales, el PP ha dado una vuelta de tuerca más, presentando ante los empresarios la subasta del resto de los centros del Servicio Madrileño de Salud (Plan de Infraestructuras Sanitarias 2007-2011), con lo que se cierra el círculo y quedará en manos de la iniciativa privada la práctica totalidad del sistema sanitario.

Es necesario actuar con la máxima urgencia para que la población tenga conocimiento y se movilice.

Si se lleva a cabo el traspaso “masivo” de la gestión y propiedad de los centros sanitarios a las empresas privadas, la sanidad pública que le quedará a la población sin medios económicos será de segunda categoría: una sanidad de beneficencia y el rescate (vuelta a manos públicas) de los hospitales y centros privatizados será prácticamente irrealizable, por imposibilidad económica, y más en tiempos de crisis.

Múltiples estudios internacionales demuestran que los índices de mortalidad son superiores en los centros sanitarios privados con ánimo de lucro, respecto a los públicos, así como las infecciones hospitalarias y otros efectos adversos. Es lógico si tenemos en cuenta que estas empresas deben de dedicar parte del presupuesto a repartir beneficios entre sus accionistas, dinero que se detrae del presupuesto para tratamientos y plantillas necesarias.

Ante esta situación, las organizaciones firmantes (teniendo como objetivo común la derogación de la Ley 15/97) suscribimos este manifiesto y acordamos constituir una Plataforma por la Derogación de la Ley 15/97 (y las leyes autonómicas dictadas en su desarrollo) y la defensa de la Sanidad Pública.

Dada la gravedad de la situación, hacemos un llamamiento a la incorporación a esta Plataforma de todas aquellas organizaciones y colectivos que compartan los puntos citados.

Al tiempo, requerimos a aquellas organizaciones, políticas y sindicales, mayoritarias, que se reclaman defensoras de la sanidad pública, para que, sin dilaciones de ningún tipo, asuman sus responsabilidades y den los pasos necesarios para movilizar a la población y detener este proceso privatizador.

En Madrid, a 16 de octubre de 2008

Organizaciones firmantes:

AAVV Aires Nuevos (Getafe), AAVV Vientos del Pueblo (Getafe), Asamblea Alcorcón por la III República, Asociación Cultural y Juvenil ADAC, Ateneos Republicanos de Carabanchel y Vallecas, Atraie Madrid, CAS Madrid (CNT, Solidaridad Obrera, Plataforma Sindical de la EMT, Sindicato Asambleario de Sanidad –SAS-, Ecologistas en Acción), Club de Amigos de la Unesco de Madrid, Colectivo Ciudad Lineal por la 3ª República, Colectivo por la Paz y los Derechos Humanos, Colectivos de Jóvenes Comunistas, Comisiones de Base (Co-bas), Coordinadora de Sanidad de Vallecas, Coordinadora Sindical de Madrid, Corriente Roja, Democracia Comunista Luxemburguista, Iniciativa Comunista, Iniciativa Social de Parla, Izquierda Unida-Meco, Izquierda Castellana, Izquierda Independiente de San Sebastián de los Reyes, Movimiento Ciudadano en Defensa de la Sanidad Pública de Rivas, Partido Comunista de España, Partido Comunista de España (ml), Partido Comunista de los Pueblos de España, Partido Humanista, Plataforma de Ciudadanos por la República, Plataforma de Mujeres 2000, Plataforma por la Sanidad Pública de la Sierra de Guadarrama, Sindicato de Sanidad de Madrid-CGT, Sindicato Único de Sanidad e Higiene (SUSH), Solidaridad para el Desarrollo y la Paz (SODePAZ), Verdes-Grupo Verde de Alcorcón, Unión de Juventudes Comunistas de España.

Las organizaciones o grupos que quieran adherirse, pueden contactar a través del correo: matusalen.salud@gmail.com

Financieros del mundo: ¡sacad vuestras especuladoras zarpas de nuestras pensiones!


A la hora de emprender una larga travesía marítima, no es probable que una persona en su sano juicio aceptara embarcarse en un barco cualquiera. Y menos en uno tripulado por una marinería integrada por tipos proclives a cagarse por las patas abajo cuando se desencadena una galerna. Cuando lo que está en juego es nuestra vida, la razón y el instinto de supervivencia aconsejan dejarse de tonterías y elegir compañeros de viaje fiables.

De idéntica manera, tampoco nadie en su sano juicio debería escuchar esos cantos de sirena que invitan a trasladar las pensiones de jubilación desde la nave del Estado a la oscura bodega de los bergantines que trafican con fondos bursátiles. Pues la catadura y pericia de su tripulación inspira poca confianza, como se acaba de demostrar a raíz de la tormenta iniciada por las hipotecas subprime. Esos gestores financieros que en tiempos de bonanza se pavonean arrogantes por las cubiertas del barco, se desmoronan al primer nublado, y si la tormenta arrecia son los primeros en huir en los botes de salvamento, dejando a los pasajeros abandonados a su suerte.

Durante el otoño de 2008, las aguas se han vuelto turbulentas en el océano económico. Flamantes transatlánticos de las finanzas se fueron a pique mientras los telegrafistas de los medios informativos no cesaban de transmitir pavorosas noticias: "Jornada negra; el crack financiero a la vuelta de la esquina; las Bolsas se desploman; pánico en los mercados", eran titulares recurrentes. Según Jaime Caruana, director del Departamento de Asuntos Monetarios del Fondo Monetario Internacional "en estos momentos hay cierto grado de miedo irracional en esta fase de la crisis financiera".

Así que esas orgullosas instituciones, que se presentaban ante nosotros con tanto empaque como presunción de eficacia indiscutible, son las que ahora están afectadas por el desplome, o sea, pérdida de aplomo; el pánico, es decir, miedo extremado o terror producido por la amenaza de un peligro inminente, y que con frecuencia es colectivo y contagioso; y, para colmo, irracionalidad. ¡Vaya panorama! Y es en tales buques, con tan inestables tripulaciones, donde las sirenas liberales pretenden que arriesguemos nuestro futuro de pensionistas.

No todos los países cuentan con un sistema público de pensiones de cobertura universal, como (aproximadamente) es el modelo vigente en España. Defender la continuidad del sistema público, allí donde el esfuerzo político y social ha logrado implantarlo, no es un capricho ideológico, sino un reflejo del más genuino instinto de conservación. Desde hace alrededor de un siglo, la experiencia y la cruda realidad han aconsejado que la prestación de servicios considerados básicos para la población, como la sanidad y la enseñanza, esté a cargo del Estado. Única forma de garantizar la continuidad y universalidad de las prestaciones.

El dogma liberal que sostiene que el mercado asigna los recursos mejor que un sistema público democrático, tiene un rigor parecido al de la Inmaculada Concepción. Dicho sea esto con respeto hacia las concepciones y conceptos de cualquier índole, incluidas las ideológicas. Sólo que aquí hablamos de una materia tan delicada como nuestra supervivencia el día de mañana, cuando el natural declive biológico nos impida ganar el sustento por propia mano. Un asunto que no admite bromas. Y mucho menos las de esos charlatanes a sueldo de los think tank neoconservadores, que pontifican sobre las virtudes del mercado con una mezcla de arrogancia, frivolidad y falta de rigor. Sobran debates metafísicos sobre la gravidez de la Mano Invisible, pues lo que urge remediar es la extrema gravedad de la situación a la que nos ha conducido la invisibilidad y opacidad de las finanzas. Con sus operaciones off shore y resto de agujeros negros por donde se esfuma la riqueza.

Lo que de verdad le importa al ciudadano es que su pensión de jubilación, es decir, la seguridad de contar con un ingreso en la edad provecta, no se encuentre amenazada. Y esa amenaza surge de la funesta combinación de frivolidad académica liberal y codicia de los gestores financieros que se traduce en ineficacia de comportamiento de los mercados libres de control. Según se desprende del enunciado de Clausius para sistemas termodinámicos, abandonado a sí mismo, un sistema cerrado tiende a alcanzar su máximo estado de desorden. De manera similar, fuera de control, el sistema financiero ha alcanzado niveles de máximo desorden.

Una vívida imagen de ese desorden la ofreció el famoso reloj que registra la deuda de los Estados Unidos en la Bolsa de Nueva York, que se colapsó el pasado 10 de octubre al quedarse sin dígitos para mostrar el pasivo de la mayor economía mundial: más de 10,2 billones de dólares (un trillón de dólares, en terminología anglosajona), alrededor de 7,4 billones de euros. Tres días antes, la prensa estadounidense ofrecía desoladoras noticias sobre los fondos de pensiones. El Houston Cronicle alertaba sobre el hecho de que los planes privados de pensiones habían perdido dos billones de dólares en los últimos 15 meses, según estimaciones del director de la Oficina Presupuestaria del Congreso, Peter Orszag.

Al contrario que los ejecutivos de Wall Street, las familias estadounidenses no disponen de un paracaídas dorado al cual recurrir. La crisis de la vivienda, la contracción del crédito y otros problemas financieros han golpeado las pensiones y otros fondos de retiro, las formas más comunes de ahorro en Estados Unidos. Más de la mitad de las personas sondeadas por encargo de The Associated Press-GfK entre el 27 y el 30 de septiembre temen que tendrán que trabajar más años para poder jubilarse al haber descendido el valor de sus ahorros. Orszag indicó que ese temor tiene fundamento. Al estar invertidos en acciones bursátiles, los fondos de pensiones públicos y privados y las cuentas privadas de retiro de los trabajadores han perdido el 20% de su valor general desde mediados del 2007.

Con las turbulencias bursátiles, también las rentabilidades de los fondos de pensiones de millones de chilenos cayeron a niveles históricos. El valor de los activos de los fondos de pensiones disminuyó 16.184 millones de dólares frente al mismo período mes del 2007. En Chile, el sistema de pensiones fue privatizado en la época del sangriento dictador Augusto Pinochet, siguiendo las instrucciones de los Chicago boys, los economistas educados en una de las más furibundas escuelas neoliberales. Hasta que hace unos meses la presidenta Bachelet introdujo una pensión mínima, millones de chilenos de las clases más humildes no contaban con ningún ingreso al llegar a la vejez.

¿Acaso debería el capitalismo ocuparse de las pensiones de vejez de los no inversionistas? Eso es un asunto que pertenece al campo de la solidaridad y no del egoísmo, principo rector del sistema capitalista en sus distintas variantes de avaricia, codicia e interés. Como explicó en el XVIII su profeta Adam Smith, en La riqueza de las naciones, el capitalismo no pretende ejercer la filantropía. Será el interés y el beneficio propios del "carnicero, el panadero o el cervecero" los que procuran nuestra cena y no "su benevolencia" o "sus sentimientos humanitarios". "A ellos no les hablamos de nuestras necesidades, sino de su interés".

Abandonados a sí mismos, esto es, a la lógica estructural de la codicia, el resultado del comportamiento de los mercados no regulados era fácilmente previsible por una elemental aplicación de la teoría matemática de juegos. Pese a ello, la desregulación -otro estandarte de guerra neoliberal- ha regido la economía durante las últimas décadas. Un período durante el cual la literatura económica dominante y los grupos de presión se han dedicado a difundir los sagrados mandamientos del llamado Consenso de Washington. Mientras que los enfervorecidos talibanes ultraliberales hacían profesión de fe en el dogma del no intervencionismo profiriendo el grito sagrado: "Que el Estado saque sus sucias zarpas de mis asuntos".

Pero cuando este tinglado mercantil y financiero se ha venido abajo, todos sus protagonistas han pedido, algunos de rodillas, que venga el Estado a poner bajo control esta situación desbordada. Enfrentados a una crisis, lo único que saben hacer los gestores financieros, los capitanes de industria o los empresarios del ladrillo, es gimotear como niños a los que el juego se les ha ido de las manos. "Hagamos un paréntesis en el mercado", dice el presidente de la patronal española, hasta ayer gran libremercadista. "Que el Gobierno subsidie con 1.000 euros la compra de un vehículo", sugieren con descaro los vendedores de automóviles (en lugar de aplicar ellos, en buena regla mercantil de oferta, un descuento de ese tipo). No, ahora vienen todos a suplicar de manera vergonzante que Papá Estado se encargue de reponer los cristales rotos.

A la primera de cambio, estos mercachifles de tres al cuarto pasan de la arrogancia a un desmayo propio de ñoñas damiselas victorianas. Mientras que el Estado, por definición, está obligado a ser fuerte: Non est potestas super terram quae comparetur ei. "Nada hay en la tierra que pueda compararse con él. Está hecho para no tener miedo. A toda cosa altiva la ve bajo él; y es el rey de todos los hijos del orgullo", escribía Thomas Hobbes en el prólogo de Leviatán, el libro en el que propuso un modelo de poder basado en un Estado autoritario cuya grandeza fuera semejante a la de ese Leviatán bíblico al que "los montes le ofrecen tributo así como todas las bestias salvajes que allí retozan" (Job, 40, 20).

Y para salvar al mundo de la peor crisis económica ocurrida desde 1929, los diferentes Gobiernos del mundo, comenzando por el estadounidense -gran referente de neoliberales-, han tenido que intervenir en "los mercados" inyectando millonarias cantidades monetarias y nacionalizando, de forma más o menos explícita, buena parte de las principales entidades de banca privada. Con dinero, claro está, procedente de los impuestos que gravan los ingresos de las capas asalariadas de la población. Porque ya se sabe que los ricos no pagan impuestos al depositar su capital en invisibles paraísos fiscales. Y en lo tocante a las empresas, se nos ha dicho hasta la saciedad, hay que aliviarlas del peso fiscal.

A todo esto ¿qué hacemos con las pensiones de jubilación? ¿Prestamos oídos a los que nos aconsejan ponerlas en manos privadas o seguimos confiando en que las garras de Leviatán las defiendan de la codicia financiera? Incapaces para detectar el crash financiero que guardaban en el cajón del escritorio, los servicios de estudios de las entidades bancarias se atrevían, sin embargo, a predecir el derrumbe de los sistemas públicos de pensiones ¡nada menos que a treinta años vista! "El futuro resulta un tanto descorazonador: en 2040, el 16% del PIB español se dedicará a las pensiones de vejez", decían en tono apocalíptico. La propuesta de equilibrar la distribución de la riqueza a través de una Renta Básica Universal, se rechazó olímpicamente con el argumento de que supondría un 12% del PIB. Sorprende que nadie se rasgue hoy las vestiduras ni arroje ceniza sobre sus cabezas cuando, aquí y ahora, en 2008, los planes del Gobierno de España para inyectar liquidez y subsidiar con avales al sistema bancario suponen 150.000 millones de euros, un 15% del PIB.

El inolvidable humorista Miguel Gila anunciaba una bebida entablando un diálogo telefónico con los zumos de naranja derivados de zumo concentrado, afeándoles lo absurdo que parecía todo ese proceso de concentración-desconcentración pudiendo envasar directamente el zumo exprimido de las naranjas. Un absurdo similar al que se produciría si dejamos las pensiones en manos de los especuladores. Pues, una vez que éstos hicieran naufragar el barco, cosa que han demostrado que es lo mejor que saben hacer, tendría que ser el remolcador del Estado el que acudiera al rescate de los damnificados. Comprenderán que, para ese viaje, es mejor dejar las cosas como están. Resulta más seguro y más barato, esto es, más económico.

Basta ya de esos experimentos tan frívolos intelectualmente como delincuentes en la acción. A la vista de los últimos desastres, estaríamos absolutamente faltos de conocimiento si abandonáramos nuestro futuro en las manos - invisibles por supuesto- de los mercados financieros. Así que, señoras y señores neoliberales, dejad de aburrirnos con vuestras monsergas sobre la privatización de los servicios y pensiones públicas. Con las cosas de comer no se juega, de manera que no nos toquéis más las naranjas: haced el puñetero favor de sacar vuestras especuladoras zarpas de nuestros asuntos vitales.

José Antonio Pérez
Miembro del Observatorio de la Renta Básica de Ciudadanía de Attac Madrid

jueves, 23 de octubre de 2008

RED LUXEMBURGUISTA INTERNACIONAL



En esta organización nos agrupamos militantes luxemburguistas, que compartimos los postulados de Rosa Luxemburgo. Nuestro objetivo, como miembros de la clase proletaria, es ayudar a organizar la revolución mundial, aportando nuestras perspectivas, basadas en el socialismo y la democracia radicales.

Actualmente, contamos con militantes en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Noruega, Portugal y Reino Unido. Evidentemente, no somos ni pretendemos ser los únicos activistas que reivindican el pensamiento de Rosa Luxemburgo. Tampoco creemos que el Luxemburguismo pueda ser un dogma. Todos los militantes pueden exponer libremente sus ideas, pues la Libertad es una condición indispensable para la construcción del Socialismo.

El trabajo de Luxemburgo sobre la autoorganización democrática de la clase obrera, los procesos de huelgas de masas, el funcionamiento de la acumulación capitalista, y su oposición constante a todas las formas de nacionalismo, es, creemos, clave para la comprensión y la interpretación del mundo actual. Pero su obra surgió de la vida, desarrollando la tradición del pensamiento marxista de la clase obrera, que incluye el trabajo de muchos otros antes, durante y después de su tiempo. Nos inspiramos en toda esa gran tradición, no sólo en la obra de ella.

Animamos a todos los que compartan las ideas de Rosa Luxemburgo a contactar con nosotros y a unirse a esta Red, pues a todos está abierta.

martes, 21 de octubre de 2008

La Factura de la Luz



El sábado 12 de Julio, en el programa Informe Semanal, se emitió un reportaje sobre el reciente incremento de la factura de la luz y la situación energética en España.

Acorde con la organización tradicional de los reportajes de este programa, se trató el tema de forma somera, breve, pero introduciendo gran número de temas y dando la palabra a diversos portavoces de las partes implicadas.

No podemos olvidar que Informe Semanal, pese a las lógicas presiones y a los controles por parte del poder de sus contenidos (que se han hecho más y más evidentes a lo largo de los últimos años) sigue siendo uno de los muy escasos programas interesantes en las televisiones españolas. No tiene ni la profundidad, ni la crítica, ni la independencia de Documentos TV o Línea 900, lo que le ha posibilitado mantenerse en un horario privilegiado, y no sufrir los vaivenes horarios (normalmente encaminados a provocar la desaparición) que la dirección de RTVE ha producido en esos y otros programas. Pero sigue conservando gran parte del interés que antaño tuviese.Y muchos de los trabajadores que lo hacen siguen demostrando su profesionalidad e incluso a veces son capaces de burlar el intervencionismo de la “linea editorial” de RTVE. Lo que no es poco en los tiempos que corren.

Entrando ya en el contenido concreto del reportaje, quizás lo más destacable desde nuestra perspectiva fueron las siguientes cuestiones:

En primer lugar, las intervenciones del representante de los consumidores en los entes sobre energía del estado. Este señor puso de manifiesto algunos puntos que muestran la realidad del sector energético español, frente a lo que el gobierno de ZP nos cuenta. Dejó claro “nuestro representante” (el “oscurantismo” en las organizaciones de consumidores sigue siendo un grave problema en este país) que para comprender la factura de la luz y para decidir qué potencia contratamos poco más o menos tendríamos que hacer un master o algo así. Ya se sabe: cuanto menos sepamos, cuanto más “complejas” sean estas cuestiones, más fácil será engañarnos.

Pero, sobre todo, mostró cómo del coste total de la factura, más de la mitad se debe a impuestos y tasas destinadas al pago de políticas y acuerdos entre el gobierno y las todopoderosas empresas energéticas.

El IVA es el 16%, lo que implica que un bien de primera necesidad como es la energía eléctrica es tratado de la misma forma que otros bienes menos necesarios. Es un ejemplo más de cómo en España priman los impuestos indirectos sobre aquellos que gravan la desigual distribución de la riqueza. Porque, que sepamos, los ricos no tienen por qué usar más la lavadora o la cocina que los pobres. Curiosamente, no es lo habitual en todos los países de la UE (como justifica el gobierno). En Portugal se aplica a la energía eléctrica un IVA reducido del 4%, incluyendo así este producto tan necesario en la lista de aquellos que reciben un trato fiscal privilegiado precisamente por su carácter de producto básico.

También comentó este señor cómo se sigue pagando (aunque ya no aparece igual que antes en las facturas) la moratoria nuclear, ahora en forma de amortización del gasto de las empresas energéticas en este tipo de energía y sobre todo para compensar que no puedan hacer lo que quieren (y para lo que están desarrollando junto al gobierno una intensa campaña informativo-propagandística): llenar nuestras tierras de centrales nucleares, desoyendo los peligros desgraciadamente demostrados de esta energía y el mayoritario rechazo social que provoca.

También destinamos en torno a un 10% de nuestra factura al desarrollo de las energías renovables. En nuestra opinión, éste es el único gasto que podría estar plenamente justificado en la factura, pues es la única verdadera “inversión de futuro” que hacemos. Lo que no se entiende tanto es el alarde que hacen los gobernantes en relación con lo que “destinan” a las renovables, teniendo en cuenta que lo pagamos todos los contribuyentes y por una vía (los más injustos impuestos, los indirectos) que la mayoría desconoce. Además, lo que se está haciendo es que nosotros les costeemos las inversiones en renovables a las eléctricas, cuando bien podría organizarse el desarrollo de esas energías de otro modo, mucho más rentable socialmente.

El otro “tema estrella” del reportaje fue el mensaje (lanzado de forma explícita, implícita y subliminal) con el que se trata de justificar la subida actual y las que se nos vienen encima en los próximos meses y años (tanto de la electricidad como del gas,…): no pagamos lo que cuesta realmente producir la energía que consumimos. No vamos a entrar en la cuestión de que ciertos productos no tendrían que “medirse” de esa forma, en que es perfectamente lógico, comprensible (y se ha hecho y se hace actualmente) que ciertos productos no tengan “precio” o su precio no se calcule en función de sus costes “reales”. Tampoco entramos ahora en que hoy es perfectamente posible un mundo sin dinero. Nos tacharían, injusta y a-científicamente, de “utópicos”. Aunque el poder sabe que los que eso planteamos (que no sólo somos nosotros) tenemos razón.

Sencillamente, preguntamos: en ese coste real que no pagamos, ¿se incluyen los enormes beneficios de las empresas energéticas?

El discurso más repugnante, por ser fiel reflejo de la catadura del personaje, es en este sentido el del execrable y arribista ministro de industria de nuestro gobierno. Según ese señor, no sería lógico mantener la situación pues significaría que nos estaríamos “hipotecando” para un futuro. Habría que recomendarle a ese señor que dedique sus ingenierías financieras a sus amigos dueños de acciones de las eléctricas. Y que al menos tenga la desfachatez de no decir tantas pamplinas, porque cada vez que abre su boca es un insulto a la inteligencia.

Quizás lo peor de todo es lo que se percibe tras esta subida de la energía. No sólo pretenden convencernos “por las malas” de las virtudes de la nuclear y hacernos creer que somos unos despilfarradores y unos subsidiados (cuando quienes reciben miles de millones en subsidios que todos pagamos son precisamente las compañías eléctricas). También quieren hacernos tragar el modelo actual de desarrollo de las renovables.

Estas energías, que en principio podían ayudar a una transformación radical no sólo del modelo energético sino también del modelo económico y social, están siendo entregadas con la asquerosa complicidad del gobierno a las multinacionales del sector y a toda una serie de grandes inversores. Mientras aquellos que tratan de autoabastecer su consumo y actuar de una manera responsable con el medio ambiente no ven ninguna ayuda gubernamental seria, las grandes empresas ven cómo se les subvenciona por múltiples formas su acaparamiento y control de las nuevas energías. No sólo nos referimos a las multinacionales del sector: en el negocio de las renovables están entrando muchas grandes empresas.

No debe asombrarnos que un gobierno ¿socialista? obre de este modo: tienen sus antecedentes. Tanto el gobierno de Felipe González como la empresa Construcciones Aeronáuticas (CASA, antes de incorporarse a EADS) rechazaron una propuesta formal y muy bien documentada de la Sección Sindical de CGT para fabricar aerogeneradores en las factorías, como alternativa a los ERTE y EREs que a mediados de los 90 afectaban a los trabajadores al tiempo que como alternativa estratégica a la fabricación de aviones militares, "Pasaron" de la propuesta, pero, curiosamente, poco tiempo después GAMESA – Eólica (hasta esas fechas apenas un proyecto en fase experimental) facturaba un 30% más que su división aeronáutica. GAMESA, radicada en Euzkadi y propiedad del BBV, se convirtió en el fabricante “nacional” de aerogeneradores. ¿Favores al capital (representado en este caso por uno de los bancos más poderosos y principal lobby que apoyaba al PSOE, al tiempo que lo proveía de ministros y altos responsables económicos, como el todopoderoso Carlos Solchaga) y de paso complacía al PNV, matando dos pájaros de un tiro, mientras que despreciaba asegurar el futuro del sector público?

Es vergonzoso que las medidas aprobadas por el gobierno para las nuevas edificaciones o no se cumplan o sirvan para incrementar aún más los costes de las viviendas. Es lamentable que una energía tan abundante en nuestros lares como la solar se esté dejando en manos de grandes empresas a las que el medioambiente y las necesidades de los ciudadanos les importan bien poco. En lugar de eso, podría plantearse una política de apoyo a la producción controlada por los municipios. Eso descentralizaría esa producción y favorecería el autoabastecimiento, al menos en los medianos y pequeños municipios de la mitad sur peninsular, donde las horas de insolación anual lo permiten sobradamente.

Recordemos que el concepto de “rentabilidad” no sólo puede considerarse desde un punto de vista económico (y conste que las renovables sí son rentables). También podríamos hablar de “rentabilidad medioambiental”: en este caso la apuesta por las renovables tiene un sentido muy evidente. Pero ese sentido se hace mayor si se cumplen dos condiciones:

Que no se trate de un simple mecanismo para aumentar el consumo. Porque entonces no estaría sustituyendo a las energías no renovables y contaminantes, por lo que el problema seguiría ahí.

Que se consiga que producción y consumo se acerquen espacialmente lo más posible. No se trata sólo de construir grandes plantas productoras (que también son necesarias), sino de conseguir también el autoabastecimiento de energía en todos los lugares posibles. Eso evitaría pérdidas innecesarias de energía ya producida.

Pero, además, podemos hablar de “rentabilidad social”. Las energías renovables tienen la virtud de poder cambiar por completo el escenario energético mundial. Y con ese escenario estarían cambiando otras muchas cosas (incluidas las relaciones políticas y económicas internacionales). En cualquier caso, si alguien puede producir en su vivienda toda o gran parte de la energía que consume, lo que resulta evidente es que será mucho más autónomo respecto de las grandes multinacionales del sector energético. Si son poblaciones enteras las que son más o menos autosuficientes, esa autonomía se hace mayor, porque es colectiva, y más peligrosa para el sistema. Y en el caso de los países subdesarrollados, la rentabilidad social se hace aún más necesaria.

Imaginemos por un momento que un municipio mediano o pequeño, en lugar de costear los despilfarros a los que nos suelen tener acostumbrados (desde inútiles y cutres actos auto-propagandísticos hasta los mismos derivados de un consumo eléctrico derrochador), invirtiera recursos en la producción de renovables. Como mínimo, se ahorraría la factura de la luz de todo lo público (alumbrado,…). Incluso podríamos estar hablando de un ahorro en las facturas de los habitantes de ese municipio. Porque, recordemos, los habitantes del municipio son o deben ser los que gestionen, de un modo u otro, ese municipio. Los munícipes, alcaldes y concejales, aunque a veces lo parezca, no son los “dueños del pueblo”. Además, si estuviera en juego algo como el ahorro, ¿no se implicarían más los ciudadanos en las cuestiones de su municipio?

Hay otro aspecto en esa rentabilidad social. Los combustibles fósiles se agotan, al nivel de producción que se necesita hoy. Eso no tiene remedio y se sabe. Nuestro sistema económico está basado en ellos. La alternativa que se plantean hoy gobiernos y poderosos es la nuclear, que exige una aún mayor concentración de capitales, por lo que sólo las multinacionales podrían controlar el sector. Frente a esto, la producción de renovables sí es factible a pequeña escala, lo que ataca en su base a los monopolios y al poder derivado del control de algo tan necesario como es la energía.

Estamos hablando de un cambio radical en todos los aspectos. Y bastante sencillo de realizar desde un punto de vista técnico. Eso lo saben las multinacionales. Y lo saben nuestros gobernantes. Por eso creemos que se debería apostar por ese otro modelo descentralizado que se oriente al autoabastecimiento y que tenga como bases las “rentabilidades” sociales y medioambientales. En esa apuesta tienen mucho que decir las organizaciones y grupos ecologistas, así como las asociaciones ciudadanas en general.

lunes, 29 de septiembre de 2008

NOTAS SOBRE LA LUCHA DE CLASES EN LA EDUCACIÓN

Salustiano Martín


2 abril 2008

En el sistema capitalista, cuya ideología liberal publicita la libertad de los individuos para construir su propia vida de acuerdo con sus deseos, sus intereses y su voluntad, la construcción de las clases, la estructura de la explotación y el funcionamiento de la extracción de plusvalor a los explotados, comienza en el proceso educativo por el cual los individuos acceden (o no) al conocimiento que les será estrictamente necesario para estar en condiciones reales de construir su propia vida futura de acuerdo con sus deseos, sus intereses y su voluntad. El sistema educativo prepara a los hijos de la clase obrera, en términos generales, para reproducir la posición que ocupan sus padres en el sistema capitalista, es decir, para ocupar un puesto en la gran masa de los explotados; y no lo hace porque los eduque en la sumisión o en los valores dominantes, que, como se sabe, son los que convienen a la reproducción del sistema que interesa a sus explotadores, sino precisamente porque su camino hacia la explotación comienza con un episodio radical de expropiación: lo que sucede con ellos en el interior de los centros, una realidad absolutamente invisible de tan transparente como es. Es en los centros educativos donde se lleva a cabo la peor iniquidad con la clase trabajadora: el proceso de vaciamiento de sustancia intelectual, de capacidad para la autodisciplina y de energía moral de sus hijos.

Se supone que el espacio de la educación es el espacio de la equidad en la medida en que se trata de un sistema que abarca a todos los hijos de la nación, sean cuales sean sus orígenes de clase, pero esto no es cierto en absoluto. Puesto que se trata de una exigencia que ha ido poniéndose en práctica gracias a la lucha de la clase trabajadora, la burguesía hegemónica ha debido actuar para vaciar esa realidad de sus sesgos más peligrosos: dado que todos los seres humanos son más o menos capaces de desarrollar su inteligencia y sus conocimientos, si convenientemente provistos de los medios adecuados y con los instrumentos necesarios a su disposición, el sistema educativo debe funcionar para que a los hijos de la clase trabajadora –de una u otra forma, según el estrato de la clase de que se trate- les sea material y espiritualmente imposible hacer uso de esos medios y de esos instrumentos, de modo que les sea necesariamente imposible, en términos generales, alcanzar los mismos beneficios educativos que los hijos de la burguesía: de modo que ni su educación, ni sus conocimientos, ni el carácter que consigan construirse puedan constituir un peligro para la clase dominante burguesa.

Bowles y Gintes hablaban hace treinta y cinco años de cómo el sistema educativo, al servicio de la burguesía, introducía ciertos “valores” de puntualidad, interés, responsabilidad y sentido del deber en los hijos de los trabajadores, para así utilizarlos mejor en los empleos a que estaban destinados; en realidad, como demuestra la deriva educativa actual, esto no es cierto: hay una gran cantidad de adolescentes que no han conseguido tales “valores”, precisamente porque tales valores constituyen una buena parte del “carácter” (en palabras de Du Bois escritas hace cien años) que más peligroso puede resultar a la hora de conseguir mantener a los trabajadores precarios sumisos al servicio de una sociedad cuyo funcionamiento verdadero desconocen y de la que no comprenden siquiera que los está expropiando de su energía física y de su vigor intelectual, que los está vaciando de su sustancia humana.

La expropiación económica de la mayor parte de los rendimientos productivos de su trabajo futuro, que tendrá lugar sea cual sea el método de extracción del plusvalor que la estructura económica ponga en acción, ha sido hecha posible por esta expropiación original de su inteligencia natural, por esta expropiación original de su capacidad de acceder al conocimiento y de su deseo de hacerlo, por esta expropiación original de su voluntad de aprender y dirigir su propia vida, por esta expropiación original de su autodisciplina para conducir su propia vida hacia el logro de sus intereses, por esta expropiación original de su capacidad de esfuerzo intelectual para hacerse cargo de la estructura de la explotación para la que se los está preparando y a la que, sin duda, se los va a someter; en fin, por esta expropiación original de la responsabilidad y la fuerza de carácter que los haría capaces de salir adelante frente a las asechanzas de sus enemigos de clase. La expropiación original de su energía y de su capacidad intelectual, de su voluntad y de su autodisciplina, de los conocimientos necesarios para comprender, poner en entredicho y destruir el mundo que los somete y los explota, esa expropiación original, que realiza minuciosamente el sistema educativo desde sus mismos orígenes, y a través de todos sus niveles y propuestas teóricas, no tiene nada que ver con el adoctrinamiento o la inculcación ideológica, que no son sino epifenómenos de esa expropiación material originaria.

El sistema educativo funciona como el espacio teatral de una representación que conseguirá ocultar lo que verdaderamente sucede. Donde parece que los actores se esfuerzan por hacer que sus alumnos accedan a ciertos niveles de conocimiento –y verdaderamente muchos se esfuerzan, pero incluso esos participan en la representación y no pueden dejar de hacerlo- lo que sistemáticamente se logra es la imposibilidad de que el verdadero conocimiento aparezca, que se materialice un carácter humano capaz de interesarse por el conocimiento, capaz de esfuerzo en la búsqueda y el logro de conocimiento, capaz de energía en la lucha por el crecimiento moral e intelectual. No hay remedio: incluso debe producirse, necesariamente, la parodoja de que quienes saben que eso está sucediendo, y se esfuerzan por luchar contra ello, sean los mejores actores: aquéllos que no sólo representan sino que se creen la representación –es decir, que saben que es una representación, pero que luchan para convertirla en la verdad de sus vidas y de las vidas de sus alumnos- y contribuyen así, con su verdad puesta de manifiesto, al logro de la gran mentira, de la gran expropiación que hay que ocultar.

El sistema educativo simula que se interesa por todos igualmente, simula que se empeña en que todos aprendan, simula que exige lo que debe exigir para que ese aprendizje del conocimiento y esa forja del carácter se produzcan, simula que ese aprendizaje y esa forja se producen. Ese es el resultado mágico que parecen ejecutar las palabras con las que se miente: “progresa adecuadamente”, “suficiente”, y todas las demás que simulan producir el conocimiento en los alumnos a los que se les dedican. En efecto: las palabras sagradas de la evaluación han sido corrompidas y esconden un alma mentirosa, pero aún siguen produciendo los efectos mágicos que se esperan de ellas; en verdad, ahora no decretan con su voz que existen el conocimiento o el carácter en el alumno, que el alumno ha conseguido, con su esfuerzo de voluntad y de estudio, determinado nivel cognoscitivo: ahora, simplemente, hacen aparecer como por encanto ese conocimiento sólo con su presencia en el boletín de notas. Así parece que lo entienden los padres, que no esperan otra cosa -la afirmación institucional de que sus hijos saben lo que tienen que saber- para pensar que sus hijos saben verdaderamente; y así, incluso parecen entenderlo los actores más hipócritas, aquellos que se quitan de encima el “muerto” dándole patente de “vivo”: los que decretan con más alegría -con las palabras mágicas- la verdad de la mentira, la realidad de la ficción representada entre las paredes de los centros educativos. En cuanto a aquéllos que conocen –y no pueden dejar de conocer, en su alma, cada día que pasa más llena de amargura- la verdad manifiesta de lo que en realidad está sucediendo, sufren –en ocasiones, simplemente en silencio- la indignidad de su situación, la falsedad que mata el futuro de los alumnos a los que tratan de substraer a la destrucción, el odioso mundo en que se ven obligados a sobrevivir.

Finalmente, el sistema entero simula que, si hay “ciertas diferencias” de logro entre los que salen de sus manos –que, a pesar de todo, se pueden comprobar cotidianamente-, y si hay quienes siguen adelante con el estudio y la forja de su carácter –a fin de cumplir una educación que les ha de servir para gobernar y controlar a la clase trabajadora- y quienes no lo hacen porque ni tienen ganas ni alma ni fuerza para hacerlo –porque se las han quitado para cumplir el programa previsto: porque se gobierna y se controla mejor a alguien desprovisto de espíritu, desprovisto de energía intelectual y moral-, es, sencillamente, por la diferencia que existía en las capacidades originarias (esas, precisamente, que han empezado a ser destruidas desde el principio del cursus educativo, es decir, esas de las que han ido siendo expropiados gradualmente desde su más tierna infancia, hasta llegar a ser estos seres sin carácter que ahora son: ahora que el sistema los arroja de sí para que vayan a sumarse a la triste masa de los que deben someterse sumisamente al capital, porque ninguna otra cosa –al parecer- pueden o saben hacer).

El sistema educativo público, en buena parte, no funciona para producir seres humanos completos, sino apariencias de seres humanos, seres humanos a medias, seres moral e intelectualmente deformes, incapaces de de desplegar todo el potencial que se esperaría de un ser humano completo; y lo hace en la medida en que su capacidad para hacer lo contrario ha sido destruida por las leyes educativas, las normas de funcionamiento del sistema escolar y la práctica diaria en los centros de enseñanza en que la clase obrera escolariza a sus hijos. La enseñanza pública ha sido conformada en los últimos veinte años como una máquina de triturar cerebros, como una máquina de forjar seres humanos gravemente incompletos: preparados, sólo y exclusivamente, para el trabajo sumiso al servicio de la clase dominante; sin los conocimientos extensos y profundos que los harían comprender la sociedad en que viven y luchar para cambiarla; por lo demás, sin voluntad, sin autodisciplina, sin energía, sin capacidad de esfuerzo, sin sentido de la responsabilidad personal en relación con su sociedad y su propio destino; es decir, sin carácter; en fin, sin posibilidad alguna de tomar en sus manos su propio destino, ni como individuos ni como clase.

4 junio 2008

1. Los dos discursos educativos que contienden sobre la arena política y educativa encuentran sus razones en el interior de una misma clase: la burguesía. La contradicción entre esos dos discursos es una contradicción que se produce y se juega entre facciones de una misma clase: la burguesía. La educación que le gusta a la vieja derecha, a la burguesía más conservadora, es la severa (y muy antigua) educación jesuítica; la educación que le gusta a la nueva burguesía (pseudo)progresista es la ya rancia educación “nueva” del siglo XIX, propuesta de la pequeña burguesía que bebe en las fuentes ideológicas del liberalismo decimonónico, más o menos rejuvenecido por Dewey y demás compañeros de viaje: el viejo idealismo romántico pasado por los intereses “manuales” de la producción capitalista.

En ese terreno no se juega a favor de los intereses educativos de la clase obrera, precisamente porque ni siquiera se contemplan . Mejor dicho: esos intereses se juegan y se pierden en ese terreno. De modo que sería estrictamente necesario salirse de esa contradicción estéril, que no nos atañe, para ofrecer(nos) a los trabajadores una alternativa propia, la que se proyecte hacia (y desde) los intereses educativos de los trabajadores: conocimiento, voluntad, autodisciplina, conciencia de clase. Sin esa alternativa a nuestra disposición, la más profunda derrota de la clase trabajadora es un hecho. Por eso, estamos en la situación del que ha sido derrotado y ni siquiera sabe que lo ha sido ni por quién lo ha sido. Necesitamos una teoría educativa (y política) propia de la clase trabajadora y apropiada para los intereses de la clase trabajadora; necesitamos una organización que pueda hacer posible el desarrollo de la práctica propuesta (y presupuesta) por esa teoría; necesitamos una voluntad de acción contrahegemónica y una disciplina para la acción contrahegemónica: sólo así podremos tratar de cambiar la actual correlación de fuerzas, es decir, sólo así podremos ponernos en situación de combatir contra la hegemonía de la clase burguesa y de avanzar hacia la hegemonía de la clase trabajadora.

2. La perspectiva del marxismo determinista y mecanicista de la II Internacional es la misma que la de los pseudoprogresistas educativos: no forzar las cosas, no obligar a los niños a estudiar o aprender más allá de lo que les pidan las necesidades de su cuerpo o de su alma (de acuerdo con su presunta evolución individual): dejar obrar a la naturaleza. Se supone que la naturaleza hará lo que tenga que hacer y conseguirá que del interior de los niños surja, como por ensalmo, el conocimiento que se halla en ellos encerrado; esto se llama educación platónica. En efecto, la educación lúdica rusoniano-platónica tiende a producir cierto tipo de práctica política basada en la pasividad de la ciudadanía (sobre todo, de aquella parte de la ciudadanía estructuralmente contradictoria con el modo de producción capitalista: la clase trabajadora), y ello, porque trabaja en el seno de la sociedad civil para producir la apatía intelectual de los trabajadores.

En todo caso, hay que afirmar que, sin duda, ni llegó la revolución que los marxistas de la II Internacional decían que iba llegar por simple evolución de las cosas, ni la naturaleza hará surgir de los niños lo que, por supuesto, nunca ha estado (de antemano) dentro de ellos: el mito de las ideas platónicas no es, precisamente, más que un mito. En realidad, lo que tanto los unos como los otros sí han logrado (dejando obrar a la simple evolución de la sociedad o de la naturaleza) ha sido la destrucción de las esperanzas emancipadoras de la clase obrera: ambas han hecho imposible la realización de los intereses intelectuales (es decir, contrahegemónicos) de la clase trabajadora. Parece que el idealismo es muy mal consejero en las cuestiones que tienen que ver con la autoemancipación y la lucha por la hegemonía propia.

El pensamiento educativo pseudoprogresista está hegemonizado (política, cultural e ideológicamente) por los intereses de la pequeña burguesía. No hay en el discurso educativo dominante en la socialdemocracia realmente existente ninguna mencion seria a los intereses intelectuales de la clase trabajadora, ni, mucho menos, a sus intereses autoemancipadores: los constructores de ese discurso no han tenido (ni tienen) en mente, en ningún momento, la situación de postración intelectual (cultural y moral) de la clase trabajadora aquí y ahora, y, por tanto, ni siquiera se les puede pasar por la cabeza la idea de producir un discurso educativo que sirva a su reforma intelectual y moral, es decir, a sus intereses contrahegemónicos. En fin, los autores intelectuales del discurso educativo dominante en el espacio político de la izquierda realmente (in)existente han obrado a favor de los intereses hegemónicos de la burguesía, actuando, sin más, como sus intelectuales orgánicos en el terreno de la política educativa. Ellos pueden decir lo que quieran, en un esfuerzo de convencernos de lo contrario; los hechos que ahora lamentamos, que son producto necesario de su teoría, se encargan de asegurar que así es: la que se ha beneficiado del discurso educativo idealista que ha dominado en nuestro país, entre la izquierda, en los últimos veinte o treinta años, ha sido la burguesía. Y, con ese beneficio, ha fortalecido como nunca su hegemonía.

3. Necesitamos, pues, una teoría de la acción educativa eficaz (de acuerdo con los intereses contrahegemónicos de la clase trabajadora). La medida de su eficacia se determinará, precisamente, por su capacidad de liberar a los profesionales de la educación (en cualquiera de los espacios en que ejerzan su trabajo, incluidas las propias familias) del efecto narcotizante producido tanto por la pedagogia centrada en el niño y en sus deseos primarios, como por la pedagogía lúdica y platónico-rusoniana (pedagogías que parecen ser una y la misma). Su eficacia se medirá en su capacidad para producir un avance hacia la autoemancipación intelectual de la clase trabajadora, hacia su reforma intelectual y moral, hacia su hegemonía dentro de la sociedad civil y dentro de la sociedad política (es decir, en la totalidad del Estado).

Los tres pilares de la educación (es decir, los tres fines básicos de la formación intelectual), según los intereses de la clase trabajadora en lucha por su hegemonía, son: el conocimiento del mundo natural y social (y de su historia), para saber de dónde venimos, dónde estamos y a dónde es preciso que lleguemos; el logro de una sólida voluntad consciente que quiere aplicarse sobre una realidad miserable con el preciso fin de producir su subversión; la forja de una autodisciplina apta para dirigir los propios destinos como individuos, como clase y como nación.

Los educadores platónico-rusonianos, olvidando (peor aún: despreciando) la capacidad intelectual de los niños de la clase trabajadora, y renunciando a conducirlos al conocimiento del mundo natural y social, a la volunad consciente y a la autodisciplina, los ponen en situación de sufrir la correspondiente socialización destructiva dentro de un medio social dominado por el discurso hegemónico burgués del consumismo compulsivo, la falta de interés colectivo solidario y la pasividad política, y acaban dejándolos a merced de los politicastros manipuladores de la derecha más reaccionaria, o de cualquier salvador-de-la-patria-amenazada que los engañe con sus sofismas y los arrastre hacia posiciones aún más autodestructivas. Esto constituye la prueba aplastante de la ineptitud de los educadores (y del discurso educativo) rusoniano-platónicos, porque demuestra la escisión entre una retórica educativa grandilocuente (enjaezada con hermosas palabras, altisonante propaganda de presuntos fines magníficos) y los hechos miserables provocados. Son su práctica destructiva de la potencialidad intelectual de los niños, su ineptitud en la educación de la voluntad consciente de los niños y su negativa a propiciar la autodisciplina de esos niños, las que han provocado la actual situación de miseria cultural y moral de los centros de enseñanza públicos de los barrios en que vive la clase obrera.

Su obra ha sido un fracaso concluyente, sí. A no ser que pensemos, como es razonable pensar, que, en el fondo, han conseguido lo que verdaderamente buscaban (la destrucción de las energías intelectuales, de la voluntad consciente y de la autodisciplina de la clase trabajadora) y que la grandilocuente retórica “buenista” que se han venido gastando no es más que una cortina de humo que pretende ocultar esa finalidad destructiva. Trabajar desde dentro para destruir al enemigo: a esto, los manuales de la lucha política lo llaman “sabotaje”.

15 junio 2008

El Estado, que busca conseguir la disminución de la capacidad contrahegemónica de los “subalternos”, produce mediante el funcionamiento del sistema educativo (dirigido por el gobierno y sus encargados-funcionarios) cierto tipo de educación (una que niega el conocimiento serio a los hijos de los trabajadores y les impide el crecimiento intelectual y moral), de modo que los trabajadores no puedan competir en el terreno de la lucha por la hegemonía en los espacios de la sociedad civil y de la sociedad política. Así, una institución del Estado (el sistema educativo) colabora debidamente en el logro de la hegemonía que la clase dominante (la burguesía) consigue en el espacio de la sociedad civil, haciendo lo posible por desarmar intelectualmente a la clase obrera: despojándola de memoria, de capacidad intelectual, de conocimientos sobre la sociedad y la naturaleza, de voluntad, de autodisciplina y de conciencia de clase. Así, impiden que la lucha de esa clase por su hegemonía en la sociedad civil pueda siquiera llegar a producirse.

16 junio 2008

1. Tres instrumentos tiene el gobierno para impedir la acumulación de energías intelectuales, voluntad consciente y autodisciplina por parte de la clase dominada dentro de la sociedad civil:

Uno es el transformismo: la detracción de intelectuales del ámbito de la izquierda real y su conducción al ámbito, bien de la pesudoizquierda burguesa, bien directamente de la derecha puramente conservadora (aquí y ahora, neoliberal y fundamentalista). Hemos visto, en los últimos treinta años, innumerables casos de este fenómeno, que ha dejado descabezada a la izquierda real: desorganizada, sin voluntad, sin capacidad teórica, políticamente aislada y sin energías intelectuales.

Otro es el sistema educativo, y, también, el discurso de la educación que conforma hasta sus aspectos más íntimos el tipo de relación educativa que se produce, respecto a los niños, en las familias de la clase obrera. El sistema educativo y la educación familiar se encargan de destruir (sin que lo parezca, de eso se trata siempre en la sociedad civil) las energías intelectuales, la voluntad consciente y la autodisciplina de los niños de la clase trabajadora; el resto lo hace su socialización, que se lleva a cabo dentro de una sociedad civil absolutamente permeada por la ideología neoliberal del consumismo compulsivo y el individualismo posesivo, antítesis evidente de los necesarios valores de la clase: la sobriedad socio-moral y la solidaridad colectiva.

El tercer instrumento son los medios de comunicación de masas y toda la industria de la cultura que, respecto de la clase trabajadora, operan: 1) la desinformación en relación con los ámbitos social, económico y político; 2) la desideologización en relación con su pertenencia de clase; 3) la pasividad en relación con los daños que puedan sentir que están soportando, y, en fin, 4) la aceptación (incluso activa) de la sociedad capitalista neoliberal. Éste instrumento completa la labor del discurso educativo y de los diversos tipos de relación educativa presentes en el sistema educativo y en el seno de la sociedad civil, y cierra el círculo vicioso de la hegemonía burguesa, haciendo posible el transformismo sistemático.

En efecto, los resultados necesarios de la función devastadora sobre la clase trabajadora de esos tres instrumentos, que parecen funcionar todos ellos en el espacio exclusivo de la sociedad civil, acaban siendo:

La destrucción de la conciencia de clase que lleva a los trabajadores a la integración subalterna en el sistema capitalista, como si éste fuera un fenómeno natural contra el que es absurdo tratar de actuar, y que, en ese sentido, es bueno “por naturaleza”;

La incapacidad intelectual de los trabajadores que les impide salir de la ignorancia de lo que les pasa exactamente y de qué tipo de mecanismos operan en la producción de su sufrimiento; que les impide pensar (o imaginar siquiera) cómo podrían acabar con esto que (aunque no sepan qué es con todas sus consecuencias) les pasa, sin duda, como clase (en el hipotético caso de que consigan acceder de alguna manera a la conciencia de clase necesaria);

La carencia de voluntad consciente que les impide siquiera pensar en el hecho de que colectivamente pueden cambiar las cosas si piensan en ello y se organizan, que en su energía intelectual (expropiada, arrasada por las maniobras educativas de la burguesía) está la clave del conocimiento de lo que les pasa y de lo que podrían, sin duda, hacer para revertir el proceso de expropiación múltiple que los destruye como clase (y como seres humanos), que la voluntad humana (su propia voluntad colectiva) es capaz de acabar con la miseria que, aquí y ahora, los humilla, para conseguir otra sociedad, una en la que puedan vivir como seres humanos completos y autónomos; en fin, la ausencia de autodisciplina que les impide construir organizaciones políticas, sociales y culturales de clase, fuertes y enérgicas en su acción de clase, capaces de identificar lo que hay que hacer, de poner manos a la obra de hacerlo y de determinar que el curso de los acontecimientos sea el que ellos han previsto que sea: con su inteligencia, con sus conocimientos, con su voluntad consciente, con su autodisciplina, en fin, con su decidido esfuerzo de lucha colectiva.

De este modo, la labor simultánea de la educación (el sistema educativo público, en su buscada contradicción con el privado -de calidad y de servicio a las diferentes clases sociales-; las relaciones educativas moleculares: la familia, fundamentalmente) y de los medios de comunicación de masas, forjadores de la (así llamada) “opinión pública”, tiende a producir una sola opinión (el pensamiento único socioeconómico que la clase dominante –la burguesía- ha ido forjando en los últimos treinta años), una sola voluntad (la que ponen de manifiesto los intelectuales orgánicos de la clase dominante y ponen en práctica los dirigentes políticos de esa clase) y una sola disciplina (precisamente la que liga a los ciudadanos con el Estado burgués). Cualquier otra opinión o voluntad o disciplina han de ser arrojados al exterior de la colectividad, de modo que, como escribió Gramsci, se pueda acabar convirtiendo a “los discrepantes en un polvillo individual e inorgánico” [Q, 7, n.83, 914-915]. Así, se llega a convertir en puro “sentido común” el fácil y constante paso que se produce desde las posiciones políticas de la izquierda real a las posiciones afines al poder dominante burgués, es decir, el transformismo.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. La respuesta es: capacidad intelectual, conocimiento de lo que hay, de lo que sucede y de lo que nos sucede (y de su historia), voluntad consciente, autodisciplina, conciencia de clase, organización colectiva para la acción contrahegemónica. Para ello se necesita un sistema educativo nuevo y radicalmente diferente; es decir, se necesita una nueva teoría educativa, capaz de responder a los intereses contrahegemónicos de la clase obrera, capaz de diseñar una alternativa que pueda ser ofrecida a nuestra clase y a la sociedad civil. Es necesario, para conseguir eso, ponerse a pensar colectivamente en el problema sin prejuicios: sabiendo cuáles son los verdaderos intereses colectivos de la clase obrera.

17 junio 2008

El sistema educativo, tal como ha sido diseñado, de arriba a abajo, por los diferentes gobiernos y demás instituciones del Estado, no cumple su fundamental función de impedir la disidencia intelectual de la clase obrera en el seno de la sociedad civil (y también de la sociedad política) mediante una labor de inculcación ideológica explícita, que tendría que ver con el presunto aprendizaje de valores burgueses como la disciplina, el esfuerzo que llama a una recompensa que puede ser diferida, la puntualidad, la sobriedad, el respeto de las normas. No, no lo cumple de esa forma.

Aquí y ahora, el método es más miserable y parece que quiere conseguir finalidades más destructivas: el sistema educativo ha sido conformado para impedir el acceso serio al conocimiento del mundo natural y social por parte de los alumnos de la clase trabajadora, y, de paso, para hacerles creer que apenas hay nada que aprender que pudiera interesarles a ellos o que ellos puedieran utilizar para el desempeño de sus vidas: para hacerles despreciar el conocimiento.

Al mismo tiempo, el sistema educativo, tal como ha sido conformado por las leyes educativas de los últimos cuarenta años (especialmente por la LOGSE, que siguió la senda abierta por la LGE y llevó al extremo sus peores aspectos), ha trabajado para impedir, precisamente, aquellos valores burgueses que presuntamente (según las teorías funcionalistas de la reproducción social de Bowles y Gintis) debían adquirir: tanto la capacidad para desarrollar un esfuerzo sostenido como la posibilidad de diferir la recompensa por ese esfuerzo realizado, tanto la autodisciplina como la capacidad para organizarse colectivamente, tanto la seriedad en relación con la asunción de las propias responsabilidades como la puntualidad y la seriedad en el trabajo intelectual, tanto la voluntad consciente como la idea de finalidad seria en su trabajo de aprendizaje: todos los valores que harían de ellos personas autónomas, conocedoras del mundo que los rodea y capaces de organizarse disciplinadamente y con voluntad consciente para tratar de cambiar la odiosa sociedad en que viven.

En efecto, el tipo de mundo moral en que se desarrolla el aprendizaje de los hijos de la clase obrera (el que para ellos han diseñado el sistema educativo, los funcionarios sumisos a la organización y los comisarios políticos encargados de la represión de la disidencia) es uno que les impide radicalmente la asunción del conocimiento extenso y en profundidad; que produce masivamente en ellos irresponsabilidad y, por eso, incapacidad para la concentración y el trabajo intelectuales; que estimula activamente, con unos modos de actuar lamentablemente condescendientes, su corrupción moral (y de ahí viene, a menudo, la aparición de la violencia en los institutos y la desconsideración rampante frente a sus compañeros y sus profesores); que, en fin, genera en los alumnos de los institutos publicos la incapacidad para sujetarse a reglas y, sobre todo, la incapacidad para la aplicación del esfuerzo y la constancia a su labor de aprendizaje. Así, no sólo se consigue que los hijos de la clase obrera no accedan al conocimiento, sino que, además, se extiende la idea de que son verdaderamente incapaces de hacerlo: ante ellos mismos, ante sus padres, ante la sociedad civil y ante las propias instituciones político-educativas del Estado. Se logra, incluso, que ellos mismos sean vistos como los primeros culpables de ese mundo moral que los está destruyendo. Así, en fin, se consigue desarmarlos intelectual, psicológica y moralmente.

De este modo, sin voluntad consciente, sin autodisciplina, sin capacidad de esfuerzo, considerando que lo que hacen no tiene ningún sentido para sus vidas, los hijos de la clase obrera acaban encontrándose, en el proceso de su socialización, a merced de la manipulación ideológica inducida desde la sociedad civil: asumen así, como buenos para sus intereses, los valores del consumismo compulsivo y del individualismo posesivo (¡qué escarnio!), que los encadenan a la rueda de molino del sistema capitalista, y se convierten, de esa forma, en sumisos trabajadores al servicio de sus amos. ¿Cómo se podría creer que el logro de esta finalidad manifiesta de la burguesía se podría producir mediante la asunción por parte de los trabajadores de los propios valores de la burguesía? La burguesía no quiere producir burgueses, sino trabajadores ignorantes y sin voluntad, sin espinazo moral ni conciencia de clase, sin autodisciplina ni capacidad organizativa: mano de obra barata y pasiva para los contratos-basura que genera el sistema.

En efecto: así consigue la burguesía desarmarnos. La mejores armas de la lucha contrahegemónica son la estatura moral y la capacidad intelectual de los dominados, su voluntad consciente y su autodisciplina; sólo cuando la clase se convierte organizadamente en un intelectual colectivo, se hace posible la lucha por la hegemonía. Por eso, la burguesía obra contra nosotros como lo hace; por eso ha diseñado el sistema educativo como lo ha hecho. Y, como se ve, lo ha sabido hacer, porque nunca ha estado la clase trabajadora en peores condiciones para su lucha contra la burguesía, ni más lejos de conseguir su hegemonía.

22 junio 2008

En el yudo, existe una estrategia central que consiste en utilizar la fuerza del contrincante en beneficio propio. Ésta es la estrategia que han llevado a cabo las fuerzas neoliberales en el desempeño de su tarea de destrucción de la educación democrática: han utilizado la energía y el impulso de las reivindicaciones educativas de los sectores progresistas, precisamente, para sus propios fines de fortalecimiento de la hegemonía capitalista. [En realidad, éste es el método que han venido utilizando en los últimos cuarenta años los sectores neoliberales de la burguesía para atajar el avance anticapitalista en todos los sectores de la acción social: en la economía, en la política, en la sociedad civil.] En efecto, la dinámica de renovación que la izquierda había puesto en marcha, en el terreno de la educación, ha sido utlizada por la derecha (casi con los mismos temas, las mismas imágenes y las mismas palabras) para destruir cualquier posibilidad de una educación de izquierdas. Así, las reformas educativas nacidas de aquella energía, que se habían planteado como progresistas, resultaron ser funcionales a los intereses de la burguesía neoliberal hegemónica.

Los profesionales de la educación que se encontraban situados en el interior de los procesos de reforma no han sabido ver lo que muchas de las ideas que estaban poniendo en juego iban a significar en el proceso general de su puesta en funcionamiento: aún hoy siguen aferrándose a sus primitivos postulados, a pesar de haber visto cómo acababan concordando, de modo manifiesto, con los intereses neoliberales, que buscaban, sin duda, la destrucción mercantilista y antiobrera del sistema educativo público. Quienes no estaban implicados en aquellas reformas, pero se encontraban trabajando como profesores dentro del propio sistema educativo que se estaba tratando de destruir, vieron claramente el peligro que se le venía encima a la educación pública y trataron de parar el golpe, sin demasiado éxito.

Al mismo tiempo, el neoliberalismo puso en marcha, por todas partes, su diseño destructivo del tipo de educación que había hecho posible que se produjeran los movimientos revolucionarios del 68, con el evidente propósito de impedir que pudiera haber nunca más otro 68. Para hacerlo, como va quedando claro, utilizó las ideas que los propios intelectuales del 68 habían desarrollado gracias a su previa formación dentro del sistema educativo anterior al 68, es decir, precisamente dentro del sistema educativo que estaban tratando de destruir. Por ejemplo, la presunta “colonización” del niño, aquella que justamente había producido tan amplio contingente de estudiantes rebeldes (incluso, muchos conscientemente revolucionarios), se sacó de las aulas de las escuelas y de los institutos. ¿Se “descolonizó” al niño de esa forma? No; antes al contrario: se lo preparó concienzudamente para ser colonizado de otra manera menos comprometedora y más productiva, de una que sirviera adecuadamente a los planes neoliberales en el terreno de la reproducción económica, social e ideológica.

¿Para qué le habría de servir al neoliberalismo la presunta colonización del niño, llevada a cabo por unos profesores de los que no se fiaba y que eran los culpables primeros de lo que había sucedido en el 68? ¿Para qué, si contaba, cada vez más, con una sociedad empapada de prácticas y discursos socializadores de los niños y adolescentes en una dirección consecuentemente neoliberal, consumista y pasiva, individualista y acrítica? Estaba claro que el consumismo compulsivo, la pasividad acrítica y el individualismo posesivo no eran los valores que habían aprendidos en las aulas los estudiantes del 68, sino todo lo contrario: los conocimientos que habían hecho posible el desarrollo de su visión crítica, y aun el contenido mismo de la propia visión crítica del sistema capitalista, habían sido aprendidos en un sistema educativo que, desde el punto de vista de las estrategias neoliberales (Davos, la Trilateral, ...) puestas en marcha inmediatamente después de los motines revolucionarios, debía ser destruido precisamente por ello: por ser el verdadero origen intelectual del 68. De modo que se descolonizó al niño. Es decir: se prohibió la enseñanza obligatoria de los conocimientos sobre el mundo natural y social; se recetó la ignorancia y el desinterés intelectual, y se trató de hacer pasar el juego, y los intereses y deseos de los niños (ya descolonizados), como el no va más de la educación liberada.

Les salió bien, porque, mientras ellos trabajaban con rigor en el derruimiento del sistema educativo que había llevado al 68, los presuntos pensadores de la izquierda (las madres y padres de la reforma educativa comprensiva) naufragaban en una inepcia moral e intelectual que les impedía ver lo que estaba sucediendo; una inepcia que, además, por desgracia para la causa de la educación democrática, los llevaba a descubrir en sus críticos de izquierdas, precisamente, el enemigo que había que combatir, es decir, justamente en aquéllos que identificaban la propia base necesaria de la lucha de la clase obrera por su hegemonía en los conocimientos naturales y sociales, la voluntad consciente y la autodisciplina. Fue una jugada redonda, y ahora estamos viviendo sus consecuencias.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Entre la utilización partidaría, la censura y la sospecha: El accidente en Madrid (Barajas) del vuelo JK 5022 de Spanair


Los hechos hasta ahora conocidos – o divulgados – que dieron lugar al terrible siniestro del vuelo JK 5022, un avión MD 82, que produjo 154 fallecidos, entre ellos 9 tripulantes, y que ha conmovido a la opinión pública, han dado lugar a una indescriptible situación de sufrimientos para familiares y allegados, escenas de dolor que deberían ser íntimas y no ofrecerse en morboso espectáculo televisivo por periodistas y presentadores sin deontologia ni principios morales, incapaces de resistirse a jugar el rol de dispensador de emociones, atributo, finalmente, del Poder.

Son precisamente estos comportamientos irresponsables de periodistas, si bien apuntando en la dirección de neutralizar y descalificar especulaciones en medios periodísticos de la derecha más extrema (que empezaban a contemplar el accidente como una oportunidad de devolver el supuesto golpe del 11-M que desalojó al gobierno Aznar tres días después por el voto de los ciudadanos), los que sirven de coartada al discurso procedente del gobierno y su partido, escuchado estos días urbi et orbi, incitando a callar, a no debatir, a no interrogar e interrogarse – que sólo pueden ser, al cabo "especulaciones" – a la espera del resultado de una al parecer tan infalible como no interesada comisión de investigación.

Tal blindaje informativo apunta sin duda mas allá, y en ese lugar es donde reside a su vez la enfatizada actitud del PP – han acallado las voces que desde sus filas se habían apuntado inmediatamente a la "conspiracionitis" en la que estaban tan entrenados desde el 11-M. Nos referimos al marco económico neoliberal que impone la competitividad extrema y la reducción de costes por encima de cualquier consideración, así como a la deriva represiva que a la globalización neoliberal impone la administración de Bush desde el atentado a las torres gemelas del 11-S de 2001.

La descalificación pública de quienes osaran contravenir el bloqueo se convierte en represión en los medios que el gobierno controla y en los que indirectamente influye. Así, desde la dirección de RNE, se suprime sin ni siquiera avisar a su director Manuel Hernández Hurtado (Manolo H. H.), que se entera por la cuña publicitaria de la nueva programación, el programa de radio La noche menos pensada, que se emitía desde hace 10 años con singular éxito de audiencia, a raíz del programa dedicado al accidente de Barajas la noche del jueves 21 y donde lejos de cualquier morbo o especulación, el periodista y sus invitados apuntan al Sistema Neoliberal como responsable directo de la catástrofe.

La comparecencia parlamentaria de la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, el 29 de agosto, revelando que Spanair había pensado reemplazar el avión tras su regreso al parking desde la cabeza de pista al detectar el comandante Antonio García Luna un fallo en una señalización térmica, fue protestado por la aerolínea y por sectores de trabajadores y pilotos, aduciendo que se trataba de un intento insidioso de culpabilizar a Spanair ante lo que se trataba de una precaución de rutina, obligatoria según los protocolos aeroportuarios. Cierto o no, lo significativo es que la revelación de esas cintas magnetofónicas por la ministra, mas que la voluntad de "transparencia" del gobierno revela la seguridad de éste de haber controlado la información sobre el accidente y sobre todo haber neutralizado la incipiente utilización partidaria por el PP.

La personación como acusación particular en el proceso que instruye el juez Javier Pérez de varias asociasiones junto con varias familias de fallecidos, apuntando en unos casos a la aerolínea Spanair y en otros a Boeing (la compañía que absorbió en 1996 a MacDonnell Douglas, fabricante del MD 80) ha dado un giro copernicano cuando al menos diez familias canarias, que perdieron uno o varios deudos en la tragedia del aeropuerto de Barajas del miércoles 20 de agosto pasado, han contratado los servicios del bufete Ribbeck Law de Chicago, especializado en conseguir para sus clientes indemnizaciones tras un accidente aéreo. Este grupo de abogados se propone demandar de inmediato a Boeing, la constructora del avión.

La inicial expectación ante el fallo de la CIAIAC (Comisión Independiente de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil, dependiente de la Dirección General de Aviación Civil del Ministerio de Fomento, cuyos expertos son fuertemente criticados por pilotos y tripulantes, dada su nula proclividad a escuchar sus quejas y reivindicaciones y su más que sospechosa connivencia con las mayores aerolíneas) sobre las causas del terrible accidente, ante las demandas contra Boeing en EEUU, ha perdido fuelle para transformarse con lógica aplastante en vigilancia inquisitiva dada su composición: seis expertos españoles de la DGAC así como cuatro norteamericanos de la NTSB, (agencia federal estadounidense encargada de investigar accidentes civiles, cuya principal ocupación es investigar si se trata de atentado terrorista oculto) mas cinco asesores de Boeing y de los fabricantes de los motores Pratt&Whitney.

El fallo de una comisión de investigación en la que los jueces son también parte, la CIAIAC, pero sobre todo la actitud del gobierno ante aquél (no puede olvidarse que la CIAIAC depende del Ministerio de Fomento) será indicador de no pocas servidumbres imperiales, en el gobierno y en importantes medios relacionados con la navegación aérea.

DC-L

sábado, 6 de septiembre de 2008

Contra todas las Directivas de la Unión Europea: HUELGA DE MASAS

POR UNA ALTERNATIVA DE TODA LA CLASE OBRERA
¡JORNADAS LABORALES MÁS CORTAS, NO MÁS LARGAS!
¡FRONTERAS ABIERTAS, NO UNA GUERRA CONTRA LOS INMIGRANTES!
¡VIVIENDA PÚBLICA Y EDUCACIÓN PARA TODOS, NO A LA PRIVATIZACIÓN!
¡QUE PAGUEN LOS CAPITALISTAS, NO NOSOTROS!

La Unión Europea ha lanzado el mayor ataque de su historia contra la clase obrera. La directiva de las 65 horas, la directiva contra los inmigrantes, la directiva Bolkestein y el Plan Bolonia son parte de un único plan para reducir los costes laborales, para transferir riqueza del trabajo al capital. Si la jornada de trabajo es más larga, y así hay menos empleos y más desempleados, los salarios bajarán. Si los inmigrantes son aterrorizados hasta el punto que ellos sientan que deben aceptar el trabajo con cualquier salario, los salarios de todos bajarán. Si por la privatización el trabajo es transferido de una fuerza de trabajo con salarios más altos a trabajadores con salarios menores, los salarios bajarán.

El plan de la Unión Europea, totalmente calculado, es enfrentar a los trabajadores unos contra otros, crear una competición en todo el continente de países, industrias e individuos para que caigan en los niveles más bajos fijados por las directivas. Por eso tenemos que contestar a esto no con una serie de protestas desunidas contra directivas individuales, sino con una campaña única, coordinada. Los sindicatos que luchan contra la directiva de las 65 horas, las organizaciones de inmigrantes que luchan contra “la directiva de la vergüenza”, los estudiantes que luchan contra el plan Bolonia y los trabajadores del sector público que luchan contra la directiva Bolkestein tienen que unirse en una única lucha contra el plan de la Unión Europea, coordinando días de acciones y combinando las demandas.

No podemos responder sólo rechazando su plan, ya que ellos continuarán con otros ataques.
Debemos plantear también nuestra propia alternativa como clase obrera, que será lo TODOS NOSOTROS queramos.

REDUCCIÓN DE LA SEMANA LABORAL EN TODOS LOS PAISES A 35 HORAS PARA TODOS LOS TRABAJADORES, SIN REDUCCIÓN DE SALARIOS NI DESTRUCCIÓN DE EMPLEOS. DEROGACIÓN DE LA DIRECTIVA DE LAS 65 HORAS.

IGUALDAD DE DERECHOS PARA TODOS, SIN DISCRIMINACIONES POR LA CONDICIÓN DE INMIGRANTE. LIBERTAD DE MOVIMIENTO A TRAVÉS DE TODAS LAS FRONTERAS. ABOLICIÓN DE LA DIRECTIVA SOBRE INMIGRACIÓN.

ENSEÑANZA SUPERIOR GRATUITA PARA TODOS, PROGRAMAS DE TRABAJOS PÚBLICOS MASIVOS CON EMPLEO PÚBLICO DIRECTO PARA GARANTIZAR VIVIENDA Y SERVICIOS ESENCIALES PARA TODOS. CONTROL DEMOCRÁTICO DE LOS CENTROS DE TRABAJO PÚBLICOS, CON REPRESENTACIÓN DE LOS TRABAJADORES Y LAS COMUNIDADES IMPLICADAS. FIN DE TODA PRIVATIZACIÓN, ABOLICIÓN DE LA DIRECTIVA BOLKESTEIN Y DEL PLAN BOLONIA.

FINANCIACIÓN DE TRABAJOS PÚBLICOS Y EXTENSIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS A TRAVÉS DEL CESE DE LAS SUBVENCIONES A LAS EMPRESAS Y CON UN GRAN AUMENTO DE LOS IMPUESTOS A LAS CORPORACIONES Y A LOS CAPITALISTAS INDIVIDUALES.

PROHIBICIÓN DE DESLOCALIZACIONES DE DESPIDOS Y REGULACIONES DE EMPLEO


Sólo un movimiento masivo por toda Europa con amplias demandas, un proceso de huelgas de masas, que se extienda más allá de cada sector individual, puede ganar concesiones. Considerando la crisis, tales concesiones bajo el capitalismo tenderán a ser temporales. Pero en estas luchas de huelgas de masas los trabajadores pueden adquirir las organizaciones y la conciencia para cambiar radicalmente el mundo, para sustituir el capitalismo por un socialismo democrático que proporcionará de manera permanente una vida decente para todos.

Llamamos a todas las organizaciones a participar en reuniones y foros para planear una campaña conjunta este otoño.

RED LUXEMBURGUISTA INTERNACIONAL
Puedes contactar con nosotros en:
Foro Luxemburguista Internacional http://luxemburgism.forumr.net/portal.htm

Hemos editado también este Comunicado y el Manifiesto unitario contra la Directiva de las 65 Horas en un volante/panfleto en pdf para que se más fácil imprimirlo y distribuirlo. Puedes verlo en:
SALUD

viernes, 5 de septiembre de 2008

MANIFIESTO CONTRA LAS 65 HORAS


Los camaradas que conformamos DC-L en España, así como nuestros camaradas de la Red Luxemburguista Internacional, apoyamos el Manifiesto que, contra la Directiva de la Unión Europea sobre la jornada laboral, aprobó lanzar, por unanimidad de todos los sindicatos, el Comité de Empresa de Telefónica en Barcelona. Este Manifiesto, que publicamos a continuación, está siendo apoyado cada vez más por diversas secciones sindicales y comités de empresa, sindicatos, y organizaciones políticas y sociales. Puede leerse la lista de adhesiones y suscribirlo en la web de la Red contra los Cierres y la Precariedad (Xarxa contra els Tancaments i la Precarietat) http://www.moviments.net/xarxacontratancaments/


MANIFIESTO POR LA RETIRADA DE LA DIRECTIVA EUROPEA DE LAS 60 HORAS SEMANALES

QUIEREN HACERNOS RETROCEDER UN SIGLO


El pasado 9 de junio, los ministros de Trabajo de la Unión Europea, sin ningún voto en contra, aprobaron una “propuesta de modificación” de la actual Directiva sobre el tiempo de trabajo.
Esta Directiva autoriza a los estados miembros a cambiar sus leyes para permitir el alargamiento de la jornada semanal de trabajo hasta las 60 horas (o 65 en el caso de colectivos como el sanitario o bomberos, cuyos descansos en las guardias dejan de considerarse tiempo de trabajo). Como el límite de las 60 horas es, además, un promedio trimestral, la jornada real podría prolongarse hasta las 78 horas. En el caso de contratos de menos de 10 semanas no habrá ni siquiera estas “limitaciones”.
Este brutal atropello quieren llevarlo a cabo, además, mediante acuerdos individuales trabajador-empresa, al margen de los convenios colectivos y de la representación sindical de los trabajadores, lo que representa un ataque frontal a una de las mayores conquistas de la lucha de los trabajadores: su derecho a la representación y la negociación colectiva. Esta Directiva indigna debe pasar ahora por el Parlamento Europeo para su aprobación definitiva.

Manifestamos nuestro rechazo total a la Directiva


En 1919, la OIT oficializó la jornada máxima de ocho horas, después de una larga lucha del movimiento obrero internacional por las 8 horas diarias. Ahora, NOS QUIEREN HACER RETROCEDER MÁS DE UN SIGLO, poniéndonos de nuevo en jornadas “legales” de 10 a 12 horas y seis días por semana. Los mismos que nos quieren alargar el tiempo de trabajo quieren también que nos jubilemos a los 70 años, acabar con las conquistas sociales y privatizar los servicios públicos.

Nos jugamos mucho. Por una huelga general de 24 horas el día 7 de octubre


Con la Directiva del tiempo de trabajo, nos jugamos una enorme vuelta atrás y el futuro de las nuevas generaciones de trabajadores. Una agresión de esta envergadura exige una respuesta general contundente en toda Europa. No bastan presiones diplomáticas sobre los parlamentarios o gobiernos, ni acciones testimoniales.
Por eso, llamamos a la Confederación Europea de Sindicatos (CES) a que convierta los paros entre 5 y 15 minutos del DIA 7 DE OCTUBRE en una HUELGA GENERAL EUROPEA DE 24 HORAS, con grandes manifestaciones, para exigir, en nombre de la clase trabajadora, la inmediata retirada de la Directiva.

Al mismo tiempo, exigimos a los europarlamentarios el rechazo directo de la Directiva y al Gobierno que se exprese con toda claridad contra la Directiva y llame a su repudio en toda Europa.