viernes, 25 de julio de 2008

Movilizaciones en la Enseñanza


Este curso pasado, en casi todas partes (Cataluña, Andalucía, Murcia, Madrid, Cantabria,...), ha habido "movilizaciones" de diverso tipo en la enseñanza pública. Y donde no, tienen mucho que ver nuestros queridos sindicatos, que firman lo que no deben (entre otras cosas porque es lo que la Administración “otorgará gentilmente” de todas formas), venden lo que no es (salvo una mierda) y ni siquiera se cumple (porque son incapaces hasta de hacerlo cumplir). Y debieran además incluirse las movilizaciones contra Bolonia en las universidades, no sólo las de la obligatoria, porque, al fin y al cabo, todo es enseñanza. Quizás lo “cachondo”, por aquello de “reirse por no llorar”, es que los "chiquillos" demuestran ser bastante más conscientes que los "adultos".

Todas las movilizaciones se parecen incluso en lo aparente: empeoramiento de las condiciones de trabajo, cuestiones salariales, planes gubernamentales absurdos y contrarios a las necesidades reales, menor calidad de la enseñanza,... Y son idénticas en los procesos reales que están tras lo aparente: privatización de la enseñanza (y del resto de servicios públicos) al calor de Bolkestein y las últimas reuniones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La lógica del sistema capitalista. La cuestión es similar en otros servicios públicos. ¿O es que sólo en Madrid se privatiza la sanidad? Lo que pasa es que ni los profesores de Ciencias Sociales saben qué es Bolkestein o a qué se dedica últimamente la OMC. Pero enseñan y forman. ¿Qué? Pues cosas sin interés ni vinculación con el mundo real, supongo.

En todo este proceso, me hago una pregunta: ¿Cómo incide nuestro Estado de las Autonomías? Pues lo lamentable es que ha servido para desunir y para que la gente piense (de manera alienada) que todo "se juega" en casa y que las dinámicas reales que se ocultan tras lo aparente ni existen siquiera. Es decir, el nacionalismo y sus múltiples derivaciones vuelven a demostrar, una vez más, que son un arma del capital, de la burguesía y sus lacayos, en su lucha contra los proletarios. De diferente modo a como lo era antes o lo es en otros casos. Pero con el mismo objetivo: alienarnos y dividirnos para debilitarnos. Y encima, en la era de la globalización (del capitalismo global, vamos).

La actitud de los sindicatos en todo este proceso es penosa. Casi todos tienen estructuras estatales, e incluso internacionales (y en toda la Unión Europea al menos se detecta el mismo proceso). ¿Sirven esas estructuras para unir las luchas, para trascender lo local? No. ¿Por qué? Pues por falta de medios no será. Por acción u omisión (como dicen los cristianos), o por inútiles o lacayos (como digo yo), lo cierto es que "a la altura" no están. Y además, siguen siendo burócratas autónomos de los centros de trabajo (en la enseñanza). ¿Alguien ha visto una sección sindical en un centro de enseñanza, que sigue siendo a todos los efectos un centro de trabajo, igual que cualquier fábrica? Pues eso.

La experiencia nos muestra que no ha sido donde más eran y más “organizados” estaban donde las movilizaciones han ido "más lejos". ¿Dónde se han anunciado más días de huelga? En Cantabria. ¿Por los sindicatos “representantes” de todo el profesorado? No, sino por un colectivo específico y "espontáneo": los profesores de Historia. Y por una cuestión de 1 hora, mientras que los sindicatos, con la que está cayendo, han sido incapaces de proponer un calendario mínimamente serio de movilizaciones (lo de la indefinida de los trabajadores de justicia ni se les pasa por la cabeza).

En mi opinión (y creo que no soy el único que piensa así), los sindicatos no sirven ya para la lucha en los centros educativos. Al menos no tal como están concebidos y estructurados hoy. No estoy diciendo que en otros ámbitos no sean útiles. He sido militante sindical demasiados años (y he trabajado en los suficientes sectores) como para darme cuenta de que no son lo mismo las diversas situaciones laborales que hay. Por tanto, las herramientas de lucha también tienen que ser distintas. Estamos hablando de herramientas, de medios, no de “la Organización”, como hacen muchos fetichistas.

Creo que sería bastante más interesante irnos olvidando de “atajos”, de liberados en no se sabe muy bien dónde ni por qué, de chiringuitos corporativistas que se aprovechan de la desesperación del personal, y de “mega-estructuras” sin base real alguna. Hay sindicatos, los minoritarios, en los que la participación de los trabajadores de la enseñanza afiliados a ellos es algo más elevada (siendo ínfima porcentualmente de todas formas y con una plasmación en los centros poco menos que simbólica). Pero, los que están afiliados a los “mayoritarios”, ¿son convocados siquiera a asambleas periódicas para decidir las acciones de “su” sindicato?

En su lugar, sería mucho más lógico, productivo y hasta sencillo, partir de los centros de trabajo para coordinarnos. No somos tontos, sabemos que hay otras realidades más allá de los muros de nuestros centros, conocemos a compañeras y compañeros, experiencias realizadas en otras partes,… Incluso sabemos que nuestros problemas diarios son bastante similares a los que otros enfrentan también a diario. ¿Que no seríamos capaces de coordinarnos para la lucha? ¿Qué apostamos?

Los centros de enseñanza (los públicos, evidentemente) son un ámbito que tiene una característica bastante particular y muy interesante para las luchas de los trabajadores. Dentro de los límites del sistema, son un ámbito con bastante “presencia” de los trabajadores en su gestión. No me refiero ya a la cuestión de la “autonomía” universitaria, esa “oportunidad desperdiciada”, que daría para un largo debate, sino a los Colegios e Institutos. Pero curiosamente, cada vez esa “participación” se ve más empequeñecida, quedando casi todo a disposición de unos equipos directivos que, más allá de su mejor o peor voluntad, tienen en el cargo el estigma de ser auténticos “comisarios políticos” de la Administración, que les dice en cada momento lo que han de hacer y lo que no. Es decir, en lugar de avanzar en la autonomía de los Centros, se desarrolla el proceso inverso.

Podría decir que todo esto se solucionará con la revolución socialista. Y me quedaría tan pancho, con una especie de felicidad autocomplaciente. Pero creo que en el aquí y el ahora se pueden hacer muchas cosas que, además, servirían para adquirir conciencia de que ese socialismo es realmente posible.

Porque, ¿no es la autogestión de los centros de trabajo una de las premisas básicas del socialismo? Pues en los centros de enseñanza se puede luchar bastante en ese sentido. No estaría de más revelarnos un poquito contra los burócratas que nos oprimen y deciden por nosotros. Las comunidades educativas (incluyo aquí a todos sus miembros, porque “no sólo de maestros viven los centros”) pueden ser un muy buen ejemplo de democratización y autogestión. En número de miembros no son tan grandes como para que nos venga el imbécil de turno a decirnos aquello de la “imposibilidad por tamaño, la necesidad de coordinación general, centralización, o como lo quiera llamar”. Control burocrático lo llamo yo. Porque lo es. Tampoco puede decirse que lo que en las comunidades educativas se decida o se haga afecte enormemente a los que no son parte de ellas. Bastantes decisiones que nos afectan a todos las toman 4 y que encima nadie ha elegido. ¿Por qué entonces no podemos decidir lo que en realidad nos afecta básicamente a nosotros y a nadie más?

Sin embargo, la pandilla de “desertores de la tiza” y demás vagos arribistas que nos gobiernan desde las administraciones de la enseñanza ni saben ni quieren saber (más bien esto último) qué es lo que necesita cada comunidad educativa.

Seguramente nos dirán: seríais incapaces de organizaros, las diferencias serían enormes, al igual que las contradicciones. Incluso argumentarán que ellos son “garantes” de algún término que dudo bastante sepan lo que realmente significa. ¿Se creen que somos tan estúpidos como ellos? ¿O nos lo intentan hacer creer a nosotros? Si en teoría estamos capacitados para explicarles a las nuevas generaciones de humanos cómo es el mundo en el que viven, y desde todas las perspectivas, ¿no vamos a ser capaces de auto-organizarnos en nuestro ámbito más cercano y cotidiano?

Hay un lema sindical que siempre me ha gustado mucho por su enorme significación. SI NADIE TRABAJA POR TI, QUE NADIE DECIDA POR TI. Evidentemente, es aplicable a cualquier sector o trabajo. Pero yo, aquí y ahora, estoy hablando de la enseñanza pública. Y aquí y ahora, ese lema es completamente posible.

L.J.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el análisis de la situación sindical en el mundo educativo. No tanto, desde luego, con esa extrapolación de la “autogestión socialista” a los centros de enseñanza. Como se apunta en este artículo, los “sindicatos de clase” se han convertido en gigantescas estructuras de poder que manejan recursos ingentes, como si de corporaciones empresariales se trataran. Eso sí, corporaciones empresariales que no están sujetas a los vaivenes del mercado sino que están permanentemente alimentadas por la teta de los fondos del Estado y de la UE. Estos sindicatos en el mejor de los casos tienen una relación clientelar con el afiliado: le procuran y facilitan beneficios (comisiones de servicio, asuntos salariales, etc.) y, a cambio, reciben el preciado voto que les encumbra en esas cuestionables “mayorías” que les da patente de corso para firmar las mamonadas y traiciones que todos conocemos. Su perfil, pues, es bidireccional, hacia el afiliado del modo que hemos señalado y hacia las jerarquías de la Consejería facilitándoles el trabajo sucio de control de los trabajadores a cambio de poder y recursos. De este modo, el sindicalismo educativo actual adolece de un neoverticalismo por el cual sus representantes se mueven como pez en el agua en un mar legislativo lleno de torpezas, arbitrariedades y tiranías que no cuestionan.

¿Qué puede conseguir el colectivo educativo con un modelo sindical así? La cuestión es tremenda pues en Andalucía no es que estos sindicatos sean inoperantes contra basura como el llamado “Plan de Calidad”, sino que son sus promotores. Y de la experiencia del “Plan de Calidad” me quiero servir para reflexionar de cuál puede ser el futuro de las movilizaciones laborales en el sistema educativo andaluz y español. No me voy a molestar en describir qué significa el Plan, el rechazo de tres cuartas partes de los claustros andaluces habla por sí solo. El caso es que la pertinacia de la Consejería y sus sindicatos consortes ha llevado al profesorado andaluz a plantar cara convocando una huelga general de la enseñanza andaluza, de las que ya no se recordaban con un 50 % aproximado de docentes en huelga. Por encima y más allá de movilizaciones diseñadas en los despachos de los gerifaltes sindicales, éstas han tenido su raíz en los propios claustros de profesores. Claustros que votaron en contra del Plan cuando correspondió y que, en un boca a boca, transformaron una huelga “condenada al fracaso” por los supuestos expertos en huelgas en algo sin parangón desde que la orwelliana LOGSE aterrizó en el sistema educativo español. Es decir, que estamos hablando de unas movilizaciones hechas por los propios profesores, con una mínima coordinación sindical, la justa para que la huelga fuese técnicamente realizable. Y ése es a mi juicio el modelo en que hemos de abundar. Aburridos y hastiados del discurso políticamente correcto de las organizaciones de trabajadores tradicionales, el profesorado ha roto las cadenas exigiendo consideración y respeto a su labor. Ese profesorado que nunca ha destacado por “militancias” en las que no ha creído, ha ofrecido un modelo de cómo puede actuarse contra las agresiones laborales, con éxito.

- Por encima de organizaciones y con espontaneidad.
- Con abundante información transmitida horizontalmente.
- Con una coordinación sindical mínima, no dirigista y democrática.
- Actuando puntualmente, sin desperdiciar recursos y con contundencia.

Es decir, pasamos del tópico afiliado que ha de moverse cuando las jerarquías sindicales lo deciden, al trabajador, no necesariamente afiliado a nada, que individualmente e informado decide actuar en coordinación con otras decenas de miles de trabajadores como él, en los momentos precisos. Sin duda, este modelo es apenas un esbozo sin perfilar; el Plan de Calidad volverá en septiembre reforzado con nueva legislación (los traidores no se van de vacaciones) y está por ver qué sucederá finalmente. Pero si los profesores andaluces seguimos actuando como lo hicimos en mayo, la victoria será nuestra. Y no sólo derribaremos el Plan sino esa torre de Babel sindical que nos parasita.

Guerin dijo...

Se está debatiendo a partir de este texto y del comentario del compañero Javier en el Foro Luxemburguista Internacional, en:

http://luxemburgism.forumr.net/news-noticias-actualites-f13/movilizaciones-en-la-ensenanza-t127.htm

SALUD