domingo, 13 de abril de 2008

Las multinacionales ordenan la "Coexistencia Pacífica" entre todos los capitalistas

Reproducimos a continuación la traducción al castellano del texto publicado por los camaradas portugueses de Tribuna Socialista (http://militantesocialista.blogspot.com/), así como una breve reflexión a partir de su lectura.

LOS ACTUALES LIBERALES, EX-MAOISTAS, CONTINÚAN DEFENDIENDO LA LLAMADA “COEXISTENCIA PACÍFICA” ¡PARA NO CAMBIAR NADA!

Durão Barroso, el actual presidente de la Comisión Europea y antiguo maoísta, vuelve a defender los principios de la llamada “coexistencia pacífica”, a propósito de los juegos olímpicos que se realizarán en el territorio de su antiguo faro iluminador, China.

La “coexistencia pacífica” se reveló en los tiempos de la llamada Guerra Fría como una invención estalinista para crear una especie de “equilibrio” entre los países de orientación estalinista y las democracias liberales occidentales. Un equilibrio del tipo “yo no te incomodo, pero tú tampoco me incomodas”, para que así el “socialismo en un solo país” pudiese fortalecerse para siempre, no incodando nunca a las democracias liberales occidentales … o sea, ¡no cambiando nada!

Durão Barroso, ahora a propósito de los derechos humanos en China, defiende “que Europa debe ser “firme” en el diálogo con China sobre los derechos humanos, pero alertó que ésta no debe ser aislada”. O sea, firmeza en los discursos para los medios, pero diplomacia para no disgustar a los dictadores neo-estalinistas de China. Como casi siempre ocurre en los juegos diplomaticos, los cambios se producen a paso de caracol, ¡para que el tiempo se encargue de hacer olvidar!

La posición de Durão Barroso es también una provocación a todas las chinas y chinos que luchan en China por una apertura democrática y por las libertades democráticas, ya que esta lucha tiende siempre a ser ignorada o despreciada por la llamada diplomacia internacional que no quiere perturbar a los dictadores neo-estalinistas del monstruo económico que es hoy China.

Ni Durão Barroso, ni ningún gobierno en el plano internacional, consiguen negociar con China condiciones de libertad durante la realización de los juegos olímpicos. Lo máximo que conseguirán será una especie de libertad relativa y provisoria a la que seguirá, tras la clausura de los juegos, la vuelta a la misma represión y a las mismas persecuciones que tienen lugar diariamente en China.

Las manifestaciones de protesta que tienen lugar ahora por donde pasa la antorcha olímpica, son una forma de demostración de auténtica solidaridad con los que son perseguidos y oprimidos en el interios de China. Y, casi siempre, la respuesta de los gobiernos de los países por donde pasa es la represión y la declaración gubernamental del deseo de “buenas relaciones” con el gobierno chino.

Por nuestra parte, el denominado espíritu olímpico (¿todavía existe? ¿La globalización liberal o cualquier totalitarismo lo consigen aplicar o preservar?) es incompatible con un país donde las libertades democráticas son reprimidas, donde no hay pluralismo político (ni de izquierda ni de derecha), donde el gobierno pretende producir autómatas en lugar de ciudadanos.

Tribuna Socialista (7-04-2008)


La denominada “coexistencia pacífica” era un intento “lógico” entre dos formas de capitalismo: el liberal (polarizado por los EE.UU.) y el capitalismo de estado (polarizado por la URSS). Pero la auténtica lógica del capitalismo, las propias tendencias intrínsecas a su desarrollo, generaban la imposibilidad de esa “coexistencia”. Las tendencias al monopolio y a la conformación de una sólo sociedad capitalista mundial precisaban de la “victoria” de uno de los dos modelos de capitalismo. Evidentemente, fueron las multinacionales las que terminaron imponiéndose en esa dinámica. Así vemos como hoy las sociedades del antiguo bloque del Este se integran en el sistema capitalista mundial. En ese mismo proceso (de conformación de una única sociedad capitalista mundial, marcada por una división internacional del trabajo) deben analizarse los cambios que se están operando en China, su transición a un capitalismo “normal”, liberal.

Por otra parte, es importante reflejar cómo la represión que la población china vive a diario (pese a la cual, las movilizaciones y protestas crecen cada año) apenas si es registrada y difundida por los medios de comunicación “oficiales”. Podría decirse que en esa nueva “coexistencia pacífica” practicada por las potencias actuales, se permite el enfrentamiento “verbal” por la cuestión del Tíbet (como concesión a las ciudadanías occidentales), pero se ocultan otras represiones, cotidianas, que tienen una raíz más clara en la explotación a la que se ve sometido el proletariado chino en su conjunto. Una explotación ejercida por la alianza entre las multinacionales de origen occidental y los burócratas chinos, que, evidentemente, cuenta con el beneplácito de los gobernantes occidentales.

La mayoría de los medios occidentales están “vendiendo” las protestas al paso de la llama olímpica como un apoyo a la teocracia budista. Quizás incluso pretenden generar un estado de opinión centrado en la libertad religiosa. Porque el objetivo es silenciar la respuesta espontánea de numerosos proletarios contra la dictadura del PCCh. El proletariado no es tonto, como pretenden los gobernantes. Y sabe, incluso de manera instintiva, que los burócratas estalinistas del PCCh constituyen una pandilla de explotadores, responsables de la miseria y pobreza a la que se ven sometidos la mayoría de los habitantes del gigante asiático. El proletariado sabe que esos burócratas no son parte de él. Que son también parte del enemigo de clase. La lucha por la libertad y contra la represión es también la lucha contra la explotación. Por más que nos traten de distraer con el Dalai Lama y sus adeptos.

DC-L